Consideramos desproporcionadas las medidas de la Junta de Extremadura contra el abejaruco

El pasado lunes, la Junta de Extremadura, tras reunirse con representantes de ASAJA anunció una serie de medidas para paliar la incidencia del abejaruco (Merops apiaster) sobre las colmenas de la región. Algunas de estas medidas incluyen el uso de armas de fuego contra esta especie que, recordemos, está protegida por la legislación, tanto a nivel autonómico y nacional como europeo.

Es por esta razón que cualquier medida a adoptar tendente a controlar la población de abejaruco o a interferir en su ciclo natural debería contar con una autorización excepcional de la Administración, según el artículo 58 de la Ley 42/2007, de 13 de diciembre.
En cualquier caso, estudios del Ministerio de Medio Ambiente y de la propia Junta de Extremadura confirman que este tipo de medidas resultan ineficaces y que la incidencia del abejaruco sobre los colmenares no es en ningún caso crítica, dependiendo el impacto de factores como la proximidad de las colonias del ave a las colmenas, las condiciones meteorológicas, o la época del año (particularmente durante el paso postnupcial).

En EQUO no podemos entender la posición de ASAJA solicitando medidas, tan contundentes como simplistas, contra una especie protegida cuando hace apenas unos meses clamaba por la liberalización del uso de biocidas en las explotaciones. Es precisamente aquí donde se encuentra el principal problema —que no el único— de las abejas, como lo demuestran recientes estudios publicados en la revista Science, en los que se pone de manifiesto que los neonicotinoides (clotianidina, tiametoxam e imidacloprid) resultan letales para todo tipo de abejas y sus efectos pueden verse prolongados en el tiempo. En este mismo sentido, el Parlamento Europeo, en su Comisión de Medio Ambiente, ha propuesto la eliminación de dichas sustancias en base a una evaluación realizada por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.

El problema que está acabando con las abejas, por tanto, no es el abejaruco, sino una combinación de factores, como el cambio climático, las enfermedades (léase, por ejemplo, la varroa), y el uso indiscriminado de sustancias tóxicas en el medio natural.
Abejas y abejarucos llevan miles de años conviviendo en perfecto equilibrio sin ningún problema. Además, los abejarucos no solo capturan abejas, sino multitud de otros insectos voladores (escarabajos, libélulas, avispas…). Si se pretende evitar el impacto negativo de su presencia sobre los colmenares, existen soluciones sencillas, como el sombreo de las colmenas, las redes laterales y los aportes de agua en las inmediaciones de los refugios, que no solo disminuyen notablemente las interacciones con el abejaruco, sino que facilitan la termorregulación del colmenar. Estos dispositivos pueden ser fijos o móviles, dependiendo de que las colmenas sean estantes o trashumantes.

Desde EQUO queremos hacer un llamamiento a la Administración para que, lejos de posturas maximalistas, aborde el problema de la conservación de las abejas, utilizando criterios científicos y objetivos que contribuyan a preservar la biodiversidad (para la que las abejas resultan una pieza clave) y a hacer sostenibles las producciones apícolas de nuestra región.

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